Dios eterno y todopoderoso,
Te doy las gracias por este día.
Ahora, me pongo por completo en tus manos.
Te confío mi sueño y todo mi ser.
Concédeme un sueño tranquilo, profundo y reparador.
Que tu presencia me envuelva y me proteja.
Protégeme de todo ataque espiritual, de toda influencia mala y de toda perturbación.
Deja sin efecto los planes del enemigo contra mí.
Dios eterno, mi único Dios, toma el control de todo para que, al despertar, me sienta con más fuerzas y con mejor salud, para servirte mejor.
Según tu sola voluntad, revélame lo que sea útil para mi crecimiento espiritual y para el avance de tu obra.